Aunque cambies de color, sigues siendo la misma

Votar por Keiko no es salvar el Perú, es salvar tu bolsillo

Una crítica a la élite económica 

Publicado: 2021-04-15


La extrema izquierda de Pedro Castillo y la extrema derecha de Keiko Fujimori disputarán la segunda vuelta presidencial. Esto ha activado las alarmas del miedo en los sectores socioeconómicos más acomodados. No por Keiko, sino por Castillo. El pánico de muchos se ha desatado a través de las redes sociales y se ha puesto en práctica el último recurso para “salvar al país” de la amenaza de la extrema izquierda: convencernos, con insistencia, de votar por Keiko Fujimori.

No importa todo lo que implique el apellido Fujimori. La lógica es que si no votas por Keiko, el comunismo nos destruirá. Surge en ellos el dilema entre elegir capitalismo o socialismo, lo privado o lo estatal, la bonanza o la miseria. Dicotomías válidas. Esto como si no fuésemos ya uno de los países con más muertos por la pandemia, con mayor pobreza y desigualdad del continente, y con una crisis económica y una precariedad estatal crónica.

Es cierto, Castillo es una incógnita para la democracia, la institucionalidad y la economía. Sus simpatías por las dictaduras de Cuba y Venezuela, su aparente apuesta por un ya fracasado modelo económico estatista, su rechazo al enfoque de género, al aborto, su machismo, su homofobia, la misoginia que pregona, sin duda, lo convierten en una alternativa peligrosa. Además, quiere indultar a Antauro Humala, un asesino.

Por otro lado, Keiko Fujimori sigue reivindicando las matanzas, los latrocinios, y los atropellos a la institucionalidad de la dictadura de Alberto Fujimori con su slogan “mano dura”. También está acusada de liderar una organización criminal y por lavar activos. Además, está comprobado su performance autoritario al liderar una bancada obstruccionista y golpista en el parlamento 2016-2021. Asimismo, su conservadurismo económico — el modelo no se toca — y sus medidas sanitarias de “cero restricciones” la tornan una opción nefasta. Quiere indultar a su padre, un asesino y ladrón.

Es en este terreno en el que opera el mecanismo persuasivo por parte de quienes por mucho tiempo se autodenominaron anti fujimoristas en lo político, pero conservadores en lo económico. Son quienes votaron por De Soto y López Aliaga, personajes afines al fujimorismo. Estos votantes ahora pretenden desarrollar una argumentación en la que se entremezclan los temores de perder el estatus, el privilegio, la estabilidad económica, el miedo a la expropiación, a la fuga de capitales, etc. ¿Es normal sentir aversión hacia esto? Sí. ¿Es probable que ocurra durante un gobierno de Castillo? Sí, lo es. Por lo tanto, sí es racional que vean en Keiko una opción para salvaguardar sus intereses.

Ahora estos votantes son los que pretenden convencernos de enarbolar las banderas del desprendimiento y la solidaridad, de sacrificarnos ante lo inevitable. Nos anuncian que no hay más opción que tragarnos nuestros principios democráticos en nombre del modelo económico neoliberal.

Nos dicen que quieren “salvar al país”, pero encuentro algo de falsedad en esto. Si lo hubiesen querido, se habrían dado el tiempo para informarse y pensar en el Perú antes de la primera vuelta. Seré irónico. Quizá habrían concluido en la necesidad de un cambio de modelo. El colapso sanitario, el monopolio del oxígeno, las millonarias tarifas de las clínicas, el aumento de la pobreza y el incremento de la desigualdad podrían haber sugerido quizá votar por algo distinto. Pero no, optaron por De Soto y López Aliaga, representantes del continuismo de un modelo económico que ha llevado a la gente a hipotecar sus casas para comprar oxígeno y pagar hasta 500 000 soles por una cama UCI. Todo era evidente y no lo vieron.

Esto no significaba necesariamente mutar hacia socialismos obsoletos que han fracasado antes. Tal vez hubiesen sintonizado con la creación de un modelo económico de libre mercado pleno, con competencia, que pueda regular las dinámicas económicas para prevenir los abusos, las concentraciones monopólicas, y acabar con un Estado mercantilista, en el cual solo una élite económica, anexada a los políticos de turno, se ha beneficiado del crecimiento.

No repararon en que la defensa a ultranza por años del modelo es lo que ha conducido a este desenlace. Las élites jamás quisieron escuchar a las voces que advertían que el país requería abandonar el piloto automático.

Era preciso entender que el “milagro económico peruano” no fue tal como nos lo narraron los medios. Sin embargo, para estos votantes nunca fue una opción virar hacia un modelo de desarrollo más inclusivo y redistributivo, con un Estado fuerte y regulador —no gigante— que proteja al ciudadano. No es casualidad que quienes votaron por Pedro Castillo vivan en las regiones más pobres. La desconexión con el Perú es total. El reclamo por un Estado más presente tiene décadas. La élite no ha logrado percibir que una tercera vía es posible sin irnos al abismo. No obstante, ha llegado Castillo a patear el tablero.

Esos votantes que hoy nos piden “salvar al Perú” en realidad no quieren salvarlo, quieren preservar su economía y bienestar. No importó qué tanto podrían sufrir los sectores más desfavorecidos con una continuidad como la que proponían De Soto, López Aliaga y Keiko Fujimori en primera vuelta, con un modelo económico que posterga lo social y lo redistributivo, y que aboga por un Estado pequeño. Las élites no han hecho el esfuerzo por entender el Perú, ni el paso por las mejores universidades les ha servido.

El voto a Keiko Fujimori expresa una desesperación, como la de El Comercio en los años 30´s del siglo XX, cuando denominaban al APRA como el "aprocomunismo". Veían en aquel partido una amenaza a lo que Cotler denominó como un sistema de dominación oligárquico, el cual corría peligro ante la irrupción de la movilización social organizada. Hoy ese terror se ha manifestado a través del “terruqueo” y en el racismo desplegado en redes sociales. Ese miedo buscará auxilio en la “mano dura” del fujimorismo, como antes en los militares.

Que ellos voten por Keiko, si así lo desean, pero que no nos engañen. No se trata del Perú, sino de su bolsillo.


Escrito por

Rodrigo R Jordan

Comunicador Social ULima | Twitter: Rorjordan_


Publicado en

Opaco retrovisor

"Puebo jodido, pueblo de ratas" (JC. Onetti)